Главная АвторыЖанрыО проекте
 
 

«El Duelo», Joseph Conrad

Найти другие книги автора/авторов: ,
Иллюстрация к книге

CAPITULO I

NapoleГіn I, cuya carrera fue una especie de duelo contra la Europa entera, desaprobaba los lances de honor entre los oficiales de su ejГ©rcito. El gran emperador militar no era un espadachГ­n y tenГ­a bien poco respeto por las tradiciones.

Sin embargo, la historia de un duelo, que adquiriГі caracteres legendarios en el ejГ©rcito, corre a travГ©s de la epopeya de las guerras imperiales. Ante la sorpresa y la admiraciГіn de sus compaГ±eros de armas, dos oficiales -como dos artistas dementes empeГ±ados en dorar el oro o teГ±ir una azucena- prosiguieron una lucha privada en medio de la universal contienda. Eran oficiales de caballerГ­a, y su contacto con el brioso y altivo animal que conduce a los hombres a la batalla parece particularmente apropiado al caso. Seria difГ­cil imaginar como hГ©roes de esta leyenda a dos oficiales de infanterГ­a, por ejemplo, cuya fantasГ­a se encuentra embotada por las marchas excesivas, y cuyo valor ha de ser lГіgicamente de una naturaleza -mГЎs laboriosa. En cuanto a los artilleros e ingenieros, cuya mente se conserva serena gracias a una dieta de matemГЎticas, es simplemente imposible imaginarlos en semejante trance.

Se llamaban estos oficiales Feraud y D'Hubert, y ambos eran tenientes de un regimiento de hГєsares, aunque no del mismo destacamento.

Feraud se encontraba ocupado en el servicio del cuartel, pero el teniente D'Hubert tenГ­a la suerte de hallarse agregado a la comitiva del general comandante de la divisiГіn como officier d'ordonnance. Esto sucedГ­a en Estrasburgo, y en esta agradable e importante guarniciГіn disfrutaban ampliamente de un corto intervalo de paz. Y aunque ambos eran de carГЎcter intensamente guerrero, gozaban de este periodo de calma, durante el que se afilaban las espadas y se limpiaban los fusiles; quietud grata para el corazГіn de un militar y sin desmedro para el prestigio de las armas, especialmente porque nadie creГ­a en su sinceridad ni en su duraciГіn.

Bajo estas histГіricas circunstancias, tan favorables para la justa apreciaciГіn del solaz militar. en una hermosa tarde, el teniente D'Hubert se dirigiГі por una tranquila callejuela de los alegres suburbios hacia las habitaciones del teniente Feraud, que residГ­a en una casa particular con un jardГ­n al interior, propiedad de una anciana solterona.

Su llamado a la puerta fue instantГЎneamente contestado por una joven ataviada con traje alsaciano. Su tez lozana y sus largas pestaГ±as, bajadas con modestia ante el apuesto oficial, obligaron al teniente D'Hubert, siempre sensible a las emociones estГ©ticas, a suavizar la frГ­a y severa, gravedad de su rostro. Al mismo tiempo, observГі que la muchacha llevaba sobre el brazo un par de pantalones de hГєsar, azules, con raya roja.

– ¿Está el teniente Feraud? -preguntó con suavidad.

– No, señor. Salió esta mañana a las seis.

La hermosa criada tratГі de cerrar la puerta. OponiГ©ndose a su movimiento con suave firmeza, el teniente D'Hubert entrГі al vestГ­bulo haciendo tintinear las espuelas.

– Vamos, querida. No me va a decir usted que no ha vuelto desde esta mañana a las seis.

Al decir estas palabras, el teniente D'Hubert abriГі sin ceremonias la puerta de un cuarto tan ordenado y confortable que sГіlo la presencia delatora de botas, uniformes y accesorios militares lo convencieron de que se encontraba en el dormitorio del teniente Feraud. Al mismo tiempo adquiriГі la certidumbre de que Г©ste no se encontraba en casa. La veraz criada lo habГ­a seguido y elevaba hacia Г©l sus cГЎndidos ojos.

– ¡M, m! -farfulló el teniente D'Hubert muy desconcertado, pues ya había visitado todos los lugares -donde pudiera encontrarse un oficial de húsares en una hermosa tarde.

– De manera que ha salido. ¿Y sabe usted, por casualidad, querida, dónde fue esta mañana a las seis?

– No -contestó ella rápidamente-. Anoche llegó muy tarde, y lo sentí roncar. Lo oí trajinar cuando me levanté a las cinco. Se puso su uniforme más viejo y salió. Asuntos de servicio, supongo. -¿De servicio? De ninguna manera -exclamó el teniente D'Hubert-. Sepa, usted, ángel mío, que esta mañana salió a hora tan temprana a batirse en duelo con un civil.

Ella recibiГі la noticia sin un estremecimiento siquiera de sus obscuras pestaГ±as. Era evidente que consideraba los actos del teniente Feraud muy por encima de toda critica. SГіlo levantГі un momento los ojos con mudГі sorpresa, y el teniente D'Hubert dedujo, de esta ausencia de emociГіn, que ella habГ­a visto al teniente. Feraud despuГ©s de su salida matinal. RecorriГі el aposento con la mirada.

– ¡Vamos! -le dijo con confidencial familiaridad-. ¿No se encontrará por acaso en algún sitio de la casa?

Ella sacudiГі la cabeza.

– ¡Tanto peor para él! -comentó el teniente D'Hubert en un tono de absoluto convencimiento-. Pero estuvo esta mañana en la casa.

Esta vez la hermosa criada asintiГі levemente.

– ¡Estuvo aquí! -exclamó D'Hubert-. ¿Y volvió a salir? ¿Para qué? ¿Por qué no se quedó tranquilamente en la casa? ¡Qué loco! Mi querida niña…

Su natural bondad de espГ­ritu y un fuerte sentido de solidaridad hacia el compaГ±ero agudizaban el poder de observaciГіn del teniente D'Hubert. ImprimiГі a su voz la mГЎs persuasiva suavidad y, observando los pantalones de hГєsar que la muchacha aun sostenГ­a, explotГі el interГ©s que ella demostraba en el bienestar y la dicha del teniente Feraud. Fue enГ©rgico y convincente. EmpleГі sus bellos ojos bondadosos con excelentes resultados. Su ansiedad por encontrar al teniente Feraud, por el propio bien del oficial, venciГі por fin la resistencia de la joven. Desgraciadamente no tenГ­a mucho que decir. Feraud habГ­a regresado a la casa poco antes de las diez, se dirigiГі directamente a su dormitorio y se echГі sobre la cama;para reanudar el sueГ±o interrumpido. Lo habГ­a oГ­do roncar mГЎs fuerte que antes, hasta muy avanzada la tarde. Luego se levantГі, vistiГі su mejor uniforme y saliГі. Era todo lo que ella sabГ­a.

LevantГі los ojos y el teniente D'Hubert los escrutГі con incredulidad.

– Es increíble. ¡Salir a pavonearse por la ciudad con su mejor uniforme! Mi querida niña, ¿no sabe acaso que esta mañana atravesó a ese civil de parte a parte con su sable? Lo traspasó como quien ensarta una liebre.


Еще несколько книг в жанре «Триллер»

Пылающие сердца, Джоанна Линдсей Читать →

Леди Удача, Бетина Крэн Читать →