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«La NГЎusea», Jean-Paul Sartre

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TГ­tulo original francГ©s La NausГ©e

 

TraducciГіn de AURORA BERNГЃRDEZ

HOJA SIN FECHA

Lo mejor serГ­a escribir los acontecimientos cotidianamente. Llevar un diario para comprenderlos. No dejar escapar los matices, los hechos menudos, aunque parezcan fruslerГ­as, y sobre todo clasificarlos. Es preciso decir cГіmo veo esta mesa, la calle, la gente, mi paquete de tabaco, ya que es esto lo que ha cambiado. Es preciso determinar exactamente el alcance y la naturaleza de este cambio.

Por ejemplo, ésta es una caja de cartón que contiene la botella de tinta. Habría que tratar de decir cómo la veía antes y cómo la [?] ahora. ¡Bueno! Es un paralelepípedo rectángulo; se recorta sobre… es estúpido, no hay nada que decir. Pienso qué éste es el peligro de llevar un diario: se exagera todo, uno está al acecho, forzando continuamente la verdad. Por otra parte, es cierto que de un momento a otro -y precisamente a propósito de esta caja o de otro objeto cualquiera-, puedo recuperar la impresión de ante ayer. Debo estar siempre preparado, o se me escurrirá una vez más entre los dedos. No [?] nada, sino anotar con cuidado y prolijo detalle todo lo que se produce.

Naturalmente, ya no puedo escribir nada claro sobre las cuestiones del miГ©rcoles y de anteayer; estoy demasiado lejos; lo Гєnico que puedo decir es que en ninguno de los dos casos hubo nada de lo que de ordinario se llama un acontecimiento. El sГЎbado los chicos jugaban a las tagГјitas y yo quise tirar, como ellos, un guijarro al agua. En ese momento me detuve, dejГ© caer el guijarro y me fui. DebГ­ de parecer chiflado, probablemente, pues los chicos se rieron a mis espaldas.

Esto en cuanto a lo exterior. Lo que sucediГі en mГ­ no ha dejado huellas. HabГ­a algo que vi y que me disgustГі, pero ya no sГ© si miraba el mar o la piedrecita. La piedra era chata, seca de un lado, hГєmeda y fangosa del otro. Yo la tenГ­a por los bordes, con los dedos muy separados para no ensuciarme.

Anteayer fue mucho mГЎs complicado. Y hubo ademГЎs esa serie de coincidencias y de quid pro quo que no me explico. Pero no me entretendrГ© poniendo todo esto por escrito. En fin; lo cierto es que tuve miedo o algo por el estilo. Si por lo menos supiera de quГ© tuve miedo, ya serГ­a un gran paso.

Lo curioso es que no estoy nada dispuesto a creerme loco; hasta veo con evidencia que no lo estoy: todos los cambios conciernen a los objetos. Por lo menos quisiera estar seguro de esto.

Las diez y media [?]

Acaso despuГ©s de todo, fue una ligera crisis de locura. Ya no quedan rastros. Hoy los extraГ±os sentimientos de la otra semana me parecen muy ridГ­culos: ya no me convencen. Esta noche estoy muy a mis anchas, burguesamente, en el mundo. Г‰ste es mi cuarto, orientado hacia el noreste. Abajo la calle des MutilГ©s y el depГіsito de la nueva estaciГіn. Desde mi ventana veo, en la esquina del bulevar Victor-Noir, la luz roja y blanca del Rendez-vous des Cheminots. Acaba de llegar el tren de ParГ­s. La gente sale de la antigua estaciГіn y se desparrama por las calles. Oigo pasos y voces. Muchas personas esperan el Гєltimo tranvГ­a. Han de formar un grupito triste alrededor del pico de gas, justo debajo de mi ventana. Bueno, todavГ­a tienen que esperar unos minutos: el tranvГ­a no pasarГЎ antes de las diez y cuarenta y cinco. Con tal de que esta noche no lleguen viajantes de comercio; tengo tantas ganas de dormir y tanto sueГ±o atrasado. Una buena noche, una sola, barrerГЎ con todas estas historias.

Las once menos cuarto; no hay nada que temer, ya estarГ­an aquГ­. A menos que sea el dГ­a del seГ±or de Rouen. Viene todas las semanas; le reservan el cuarto NВє 2 del primero, el que tiene bidГ©. TodavГ­a puede llegar; muchas veces toma un bock en el Rendez-vous des Cheminots antes de acostarse. Por otra parte, no hace demasiado ruido. Es muy bajito, y muy limpio, con bigote negro, encerado, y peluca. AquГ­ estГЎ.

Bueno; era tan tranquilizador oГ­rlo subir la escalera, que el corazГіn me dio un saltito: ВїquГ© puede temerse de un mundo tan regular? Creo que estoy curado.

Y ahí viene el tranvía 7 “Mataderos-Grandes Diques”. Llega con gran ruido de hierro viejo. Arranca. Ahora se hunde, cargado de valijas y niños dormidos, en dirección a los grandes diques, a las fábricas, al este negro. Es el penúltimo tranvía; el último pasará dentro de una hora.

Voy a acostarme. Estoy curado, renuncio a escribir mis impresiones dГ­a por dГ­a, como las niГ±as, en un lindo cuaderno nuevo.

En un solo caso podrГ­a ser interesante llevar un diario: si [?]

DIARIO

Lunes 29 de enero de 1932.

Algo me ha sucedido, no puedo seguir dudГЎndolo. Vino como una enfermedad, no como una certeza ordinaria, o una evidencia. Se instalГі solapadamente poco a poco; yo me sentГ­ algo raro, algo molesto, nada mГЎs. Una vez en su sitio, aquello no se moviГі, permaneciГі tranquilo, y pude persuadirme de que no tenГ­a nada, de que era una falsa alarma. Y ahora crece.

No creo que el oficio de historiador predisponga al anГЎlisis psicolГіgico. En nuestro trabajo sГіlo tenemos que habГ©rnoslas con sentimientos a los cuales se aplican nombres genГ©ricos, como AmbiciГіn, InterГ©s. Sin embargo, si tuviera una sombra de conocimiento de mГ­ mismo, ahora deberГ­a utilizarlo.

Por ejemplo, en mis manos hay algo nuevo, cierta manera de tomar la pipa o el tenedor. O es el tenedor el que ahora tiene cierta manera de hacerse tomar; no sГ©. Hace un instante, cuando iba a entrar en mi cuarto, me detuve en seco al sentir en la mano un objeto frГ­o que retenГ­a mi atenciГіn con una especie de personalidad. AbrГ­ la mano, mirГ©: era simplemente el picaporte. Esta maГ±ana en la biblioteca, cuando el Autodidacto [?] vino a darme los buenos dГ­as, tardГ© diez segundos en reconocerlo. VeГ­a un rostro desconocido, apenas un rostro. Y ademГЎs su mano era como un grueso gusano blanco en la mГ­a. La soltГ© en seguida y el brazo cayГі blandamente.


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