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«TentaciГіn», Douglas Kennedy

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TГ­tulo original: Losing It

Traductora: Esther Roig

Para Fred Haines

El Г©xito no es suficiente. El resto puede fallar.

Gore Vidal

 

PRIMERA PARTE

 

CapГ­tulo 1

Siempre quise ser rico. SГ© que puede parecer un comentario estГєpido, pero es la verdad. Una confesiГіn sincera.

Hace mГЎs o menos un aГ±o se cumpliГі mi deseo. Tras una mala racha de diez aГ±os -una acumulaciГіn tГіxica de innumerables cartas de rechazo, de В«no nos interesa su propuestaВ», y la habitual colecciГіn de fracasos por los pelos (В«sintiГ©ndolo mucho, estГЎbamos buscando algo asГ­ el mes pasadoВ»), y (por supuesto) de que no me devolvieran nunca las llamadas- los dioses del Azar finalmente decidieron que me merecГ­a una sonrisa. Y recibГ­ una llamada. Ni mГЎs ni menos: recibГ­ la llamada que todos los que se ganan la vida escribiendo sueГ±an con recibir.

La llamada era de Alison Ellroy, mi sufrida agente.

– David, lo he vendido.

El corazón se me paralizó un instante. No había oído las palabras «lo he vendido» desde…, bueno, si he de ser sincero, no había oído nunca esa frase.

– ¿Has vendido qué? -pregunté, puesto que, en ese momento, cinco de mis propuestas de guión estaban haciendo un periplo de Holandés Errante por una serie de estudios y productoras.

– El piloto -dijo ella.

– ¿El piloto para la televisión?

– Sí. He vendido Te vendo.

– ¿A quién?

– Bueno…

– No me gusta como suena ese «bueno»…

– ¿Por qué no?

– «Bueno»… suena a malas noticias después de las buenas noticias.

– ¿Siempre crees que las malas noticias acechan detrás de las buenas?

– Ali, ¿cuándo he recibido de ti buenas noticias?

– En eso tienes razón. Pero ahora…

– Al grano. Por favor.

– A la FRT.

– ¿Qué?

– Ya me has oído: la FRT, la Front Row Television; de la productora más de moda y más inteligente de programas originales por cable…

Para entonces mi corazГіn necesitaba una desfibrilaciГіn.

– Ya sé quiénes son, Alison. ¿Vas a decirme que la FRT ha comprado mi piloto?

– Sí, David. La FRT ha comprado Te vendo.

Un largo silencio.

– ¿Van a pagar? -pregunté.

– Por supuesto que van a pagar, David. Esto es un negocio, lo creas o no.

– Lo siento, lo siento…, es sólo que no estoy acostumbrado… ¿Cuánto exactamente?

– Cuarenta de los grandes.

– Bien.

– No pareces muy entusiasmado.

– Estoy entusiasmado. Es que…

– Lo sé, no ganarás un millón de dólares. Pero un trato así para un desconocido es, a lo sumo, algo que sólo pasa dos veces al año en esta ciudad. Lo sabes perfectamente. Como también sabes que cuarenta mil es el precio habitual para un programa piloto de televisión, sobre todo para un guionista que no tiene nada producido. En fin, ¿qué te pagan actualmente en Book Soup? [1]

– Quince mil al año.

– Pues míralo de este modo: acabas de ganar el salario de tres años de un golpe. Y esto es sólo el comienzo. Sobre todo porque no sólo van a comprar el piloto… También van a producirlo.

– ¿Te lo han dicho?

– Sí, me lo han dicho.

– ¿Y tú te lo has creído?

– Cariño, vivimos en la capital del universo de los bocazas. Aun así, podrías tener suerte.

La cabeza me daba vueltas. Buenas noticias, buenas noticias.

– No sé qué decir -comenté.

– Podrías intentar decir «gracias».

– Gracias.

No sГіlo le di las gracias a Alison Ellroy. Al dГ­a siguiente de recibir la llamada, me acerquГ© al Beverly Centre y me gastГ© 375 dГіlares en una pluma Mont Blanc para ella.

Cuando se la di aquella misma tarde, me pareciГі sinceramente conmovida.

– ¿Sabes que es la primera vez que recibo un regalo de un guionista en… cuánto hace que trabajo en esto?

– Tú sabrás.

– Unos treinta años. Bueno, supongo que siempre hay una primera vez. O sea que… gracias. Pero no creas que voy a prestártela para firmar los contratos.

Lucy, por su parte, se quedГі boquiabierta cuando se enterГі de que habГ­a gastado tanto en un regalo para mi agente.

– ¿De qué vas? -preguntó-. Finalmente vendes algo, por poco, encima, y de repente, ¿eres Robert Towne? [2]

– Ha sido un detalle, nada más.

– Un detalle de 375 dólares.

– Podemos permitírnoslo.

– ¿Ah, sí? Calcula un poco, David. Alison se lleva el quince por ciento de comisión de los cuarenta mil. Hacienda se queda con el treinta y tres por ciento de tu parte, lo que te deja con menos de veintitrés mil, y la calderilla.

– ¿Y tú cómo lo sabes?


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