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«LadrГіn Y Caballero», Deborah Simmons

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No tardГі en descubrir que el seГ±or Nichols era un hombre bastante agradable, que habГ­a llegado de Kent con su familia, pero su conversaciГіn no logrГі retener su atenciГіn. Aunque no paraba de estirar el cuello en un esfuerzo por ver al marquГ©s, cuando al fin lo avistГі se dirigГ­a al jardГ­n con una viuda joven que de forma precipitada acababa de abandonar el luto.

FrunciГі el ceГ±o cuando volviГі a encontrarse otra vez con el seГ±or Nichols en el baile, y con gesto distraГ­do asintiГі a sus comentarios. ВЎNo tenГ­a tiempo para esas tonterГ­as! Por desgracia, reconociГі la expresiГіn aturdida de su pareja. De haber estado centrada, sin duda se habrГ­a posado en sus bucles o en su cuello blanco, o, peor aГєn, en la alarmante extensiГіn de pecho pГЎlido que su madre insistГ­a en que mostrara como algo en boga.

Esta siempre alababa las virtudes del matrimonio y de la maternidad, pero, ВїcГіmo podГ­a Georgiana llegar siquiera a pensar en pasar la vida con un hombre semejante? Sin embargo, dada su situaciГіn, ВїcГіmo iba a aspirar a otra cosa? La educaciГіn entre la alta burguesГ­a era, en el mejor de los casos, algo fortuito, e incluso aquellos que habГ­an recibido unos mГ­nimos estudios parecГ­an quedarse mudos ante su presencia.

Era el estigma de su existencia. Y por ello los desanimaba a todos, para desilusiГіn de su madre, y se resignaba a una vida de solterГ­a, en la que podrГ­a disfrutar de la libertad de vestir y actuar como le apeteciera, siempre que su tГ­o abuelo Morcombe le dejara el estipendio que le habГ­a prometido. Aunque no deseaba que falleciera en el futuro prГіximo.

– ¿No es maravilloso? -susurró su madre después de que a la finalización del baile enviara al señor Nichols a buscarle un refresco para disfrutar de un poco de soledad-. Según fuentes bien informadas, heredará de su abuelo una buena tierra en Yorkshire, ¡la cual debería proporcionarle mil libras al año!

Al saber que si no era el seГ±or Nichols intentarГ­a imponerle a otro caballero, asintiГі distraГ­da mientras buscaba con la vista a Ashdowne. Para su sorpresa, vio que se habГ­a unido al baile con una gracilidad que le produjo un cosquilleo en el estГіmago.

– Por favor, discúlpame -dijo, alejándose de su madre.

– Pero. El señor Nichols…

Sin hacer caso de la protesta, se metiГі entre la multitud. Aunque perdiГі de vista a Ashdowne, se sintiГі complacida al quedar libre tanto de su querida madre como del seГ±or Nichols.

Por desgracia, las conversaciones que captГі no le revelaron mucho, aunque en todas se hablaba de que era elegante y encantador. Era el hermano menor que heredГі el tГ­tulo a la muerte de su hermano un aГ±o atrГЎs. SegГєn una mujer, parecГ­a haber aceptado el tГ­tulo bastante bien y no se consideraba por encima del resto del mundo, como lo evidenciaban sus modales corteses y abiertos. Todo lo que oyГі seguГ­a esa tГіnica. Lo cual la irritГі y, de forma perversa, se afirmГі en su determinaciГіn de encontrarlo culpable de algo.

– ¡Ah, Georgie! -conteniendo un gemido, Georgiana se volvió para encontrar a su padre de pie a su lado, con un caballero de aspecto serio. Conjeturó que se trataba de otro pretendiente potencial-. Señor Hawkins, aquí está, mi hija mayor. Es adorable, como le dije, y muy inteligente. ¡Estoy convencido de que descubrirá que le fascina su erudición! -Ella, que conocía bien a su padre, supuso que él no lo estaba y se mostraba ansiosos por traspasarle a su nuevo conocido-. Georgi, cariño, este es el señor Hawkins. También acaba de llegar a Bath y espera quedarse a vivir aquí, ya que es vicario y hombre muy instruido.

Georgiana pegГі una sonrisa a su cara y logrГі saludar al seГ±or Hawkins con un mГ­nimo de cortesГ­a. Era atractivo de una forma mГЎs bien severa, pero algo en sus ojos grises le indicГі que no era el tipo de alma gentil y discreta que era su vicario Marshfield.

– Es un placer, desde luego, señorita Bellewether -dijo el hombre-. Aunque no cabe esperar que una dama como usted sea capaz de comprender las complejidades de la filosofía. Ciertamente, sospecho que incluso a la mayoría de los hombres le costaría estar a la altura de mi conocimiento, ya que he dedicado toda la vida a su estudio.

Antes de que pudiera argГјir que era una devota de PlatГіn, quien, despuГ©s de todo, habГ­a fundado la ciencia de la lГіgica, el seГ±or Hawkins prosiguiГі:

– Y debo reconocer que Rosseau ha perdido el favor de la gente, debido a la actitud desagradable de Francia. Sin embargo, no comprendo cómo se le puede culpar a él de lo que aconteció a los desdichados de ese país.

– ¿De modo que usted cree…? -comenzó Georgiana, pero el señor Hawkins la cortó con un gesto.

No obstante, los hombres mГЎs iluminados han sufrido a menudo por su genio -declarГі.

Georgiana no requerГ­a una mente aguda para determinar que el pomposo vicario se contaba a sГ­ mismo entre los acadГ©micos perseguidos, con lo que de inmediato muriГі todo su interГ©s. Contuvo un bostezo mientras el otro continuaba con su mezcla extraГ±a de palabras y teorГ­as que le dejГі bien claro que Г©l mismo entendГ­a bien poco de lo que hablaba. ВЎNo le extraГ±Гі que su padre estuviera ansioso de quitГЎrselo de encima!

– Ah, ahí está nuestra anfitriona -comentó, en un esfuerzo por alejarse, pero el señor Hawkins no pensaba permitírselo con tanta facilidad.

– ¡Hmm! Me sorprende que haya abierto su casa a tantos de sus inferiores sociales, ya que por experiencia propia sé que las personas de su rango rara vez son cordiales con los menos afortunados.


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