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«Mazurca Para Dos Muertos», Camilo Cela

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…our thoughts they were palsied and sere,

Our memories were treacherous and sere.

Edgar A. Poe, Ulalume

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Llueve mansamente y sin parar, llueve sin ganas pero con una infinita paciencia, como toda la vida, llueve sobre la tierra que es del mismo color que el cielo, entre blando verde y blando gris ceniciento, y la raya del monte lleva ya mucho tiempo borrada.

– ¿Muchas horas?

– No; muchos años. La raya del monte se borró cuando la muerte de Lázaro Codesal, se conoce que Nuestro Señor no quiso que nadie volviera a verla.

LГЎzaro Codesal muriГі en Marruecos, en la posiciГіn de Tizzi-Azza; lo matГі un moro de la cabila de Tafersit, segГєn lo mГЎs probable. LГЎzaro Codesal se daba muy buena maГ±a en preГ±ar mozas, tambiГ©n tenГ­a aficiГіn, y gastaba el pelo colorado y el mirar azul. A LГЎzaro Codesal, que muriГі joven, no llegarГ­a a los veintidГіs aГ±os, Вїpara quГ© hubo de valerle manejar el palo como nadie, en cinco leguas a la redonda o mГЎs? A LГЎzaro Codesal lo matГі un moro a traiciГіn, lo matГі mientras se la meneaba debajo de una higuera, todo el mundo sabe que la sombra de la higuera es muy propicia para el pecado en sosiego; a LГЎzaro Codesal, yГ©ndole de frente, no lo hubiera matado nadie, ni un moro, ni un asturiano, ni un portuguГ©s, ni un leonГ©s, ni nadie. La raya del monte se borrГі cuando mataron a LГЎzaro Codesal y ya no se volviГі a ver nunca mГЎs.

Llueve con tanta monotonГ­a como aplicaciГіn desde el dГ­a de San RamГіn Nonato, a lo mejor desde antes aun, y hoy es San Macario, que trae suerte a los naipes y a las papeletas de la rifa. Orvalla despacio y sin parar desde hace mГЎs de nueve meses sobre la yerba del campo y los cristales de mi ventana, orvalla pero no hace frГ­o, quiero decir mucho frГ­o; si supiera tocar el violГ­n me pasarГ­a las tardes tocando el violГ­n, pero no sГ©; si supiera tocar la armГіnica me pasarГ­a las tardes tocando la armГіnica, pero no sГ©. Lo que yo sГ© tocar es la gaita, no es propio tocar la gaita dentro de las casas. Como no sГ© tocar ni el violГ­n ni la armГіnica, y como la gaita no debe soplarse bajo techo, me paso las tardes en la cama haciendo las porquerГ­as con Benicia (despuГ©s dirГ© quiГ©n es Benicia, la mujer que tiene los pezones como castaГ±as), en la capital se puede ir al cine a ver a Lily Pons, la joven y distinguida soprano, en la interpretaciГіn del principal papel femenino de la cinta SueГ±o demasiado, eso dice el periГіdico, pero aquГ­ no hay cine.

En el cementerio brota el manantial de agua clara que lava los huesos de los muertos, tambiГ©n el hГ­gado extraГ±amente frГ­o de los muertos; le llaman la fuente del Miangueiro y en ella se mojan las carnes los leprosos, para encontrar alivio. El mirlo canta en el mismo ciprГ©s en el que de noche entona su solitario lamento el ruiseГ±or. Ahora ya no quedan casi leprosos; no es como antes, que abundaban mucho y silbaban como lechuzas para avisarse de que andaban los frailes de las misiones buscГЎndolos para darles la absoluciГіn.

Las ranas suelen despertarse todos los aГ±os pasado San JosГ© y su canto anuncia que ya viene poco a poco la primavera con sus malas noticias y sus trabajos. Las ranas son animalitos mГЎgicos y medio supersticiosos; cociendo cabezas de rana, cinco o seis cabezas de rana, con la flor del azГєmbar, se obtiene un jarabito que levanta el ГЎnimo y cura la desazГіn de las novias o escozor de virgo. Las ranas son difГ­ciles de amaestrar porque, cuando se tienen ya casi amaestradas, se pierde la paciencia y se les espachurra de un golpe. Policarpo el de la BagaГ±eira es quien mejor amaestra ranas de todo el paГ­s: ranas, mirlos, donosiГ±as, raposas, de todo. Policarpo amaestra de todo, incluso lГіndregas y lobos cervales, cuando habГ­a lobos cervales; con el que nunca pudo fue con el jabalГ­, que es bestia poco juiciosa y que ni atiende ni discurre. Policarpo el de la BagaГ±eira, a quien le faltan tres dedos de la mano, vive en Cela do CamparrГіn y a veces se acerca hasta la carretera para ver pasar el Гіmnibus de Santiago, en el que siempre van dos o tres curas comiendo higos secos. Policarpo perdiГі los dedos Г­ndice, cordial y anular de la mano derecha a resultas de la mordedura de un caballo, pero con el meГ±ique y el gordo se las va arreglando bastante bien.

– No puedo tocar la gaita ni el acordeón pero, ¿qué más me da si tampoco sé?

En Orense, en casa de la Parrocha, hay un acordeonista ciego, debe haber muerto ya, sГ­, claro, ahora recuerdo, muriГі en la primavera de 1945, justo una semana despuГ©s de Hitler, que toca javas y pasacalles para que los cabritos estГ©n entretenidos, yo hablo de entonces; se llama Gaudencio Beira y fue seminarista, lo echaron del seminario cuando encegueciГі, poco antes de que encegueciera del todo.

– ¿Y se da buena maña con el fuelle?

– ¡Ya lo creo, la mar de buena! La verdad es que es un verdadero artista, todo esmero y limpieza y sentimiento, que toca con mucha hondura y emoción.

Gaudencio, en la casa de putas donde se gana la vida, ejecuta un repertorio de piezas bastante variado, pero hay una mazurca, Ma petite Marianne, que sГіlo la tocГі dos veces, en noviembre de 1936, cuando mataron a Afouto, y en enero de 1940, cuando mataron a Moucho. No quiso volver a tocarla nunca mГЎs.

– No, no, yo sé bien lo que me hago, lo sé de sobras; esa mazurca es medio amarga y no puede andarse jugando con ella.

Benicia es sobrina de Gaudencio Beira y medio prima de los Gamuzos, que son nueve, de Policarpo el de la BagaГ±eira y del difunto LГЎzaro Codesal. Por el contorno todos somos mГЎs o menos familia, salvo los Carroupos, que ninguno se libra de tener una chapeta de piel de puerco en la frente.

Llueve sobre las aguas del Arnego, que pasan moviendo aceГ±as y espantando tГ­sicos, mientras Catuxa Bainte, la parva de MartiГ±ГЎ, pasea en cueros por el outeiro Esbarrado, con las tetas mojadas y el pelo hasta la cintura.

– ¡Aparta, mala pécora, que estás en pecado mortal y has de arder en la caldera del demonio!

Llueve sobre las aguas del BermГєn, que brinca silbando kiries y lamiendo carballos, mientras FabiГЎn Minguela, o sea Moucho, el pГЎjaro de la muerte, afila su navaja en el asperГіn.

– ¡Aparta, aparta, mal cristiano, que ya te pedirán cuentas en la otra vida!

Raimundo el de los Casandulfes piensa que FabiГЎn Minguela pasea por la vida las nueve seГ±ales del hijoputa.


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