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«El gallo negro», C. Sansom

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TГ­tulo original: Dissolution

TraducciГіn: JosГ© Antonio Soriano Marco

Para el grupo de escritores: Jan, Luke, Mary, Mike B, Mike H, Roz, William y especialmente Tony, nuestra inspiraciГіn. El crisol.

Y para Caroline.

 

*  *  *

 

Principales obedienciarios del monasterio de San Donato Ascendente de Scarnsea, Sussex, 1537

 

Abad FabiГЎn, superior del monasterio, elegido por la comunidad con carГЎcter vitalicio.

Hermano Edwig, tesorero. Responsable de todo lo relacionado con la economГ­a.

Hermano Gabriel, sacristГЎn y chantre. Responsable del cuidado y la decoraciГіn de la iglesia, y director del coro.

Hermano Guy, enfermero. Encargado de velar por la salud de los monjes, con licencia para prescribir medicamentos.

Hermano Hugh, mayordomo. Responsable de la administraciГіn.

Hermano Jude, despensero. Responsable del pago de facturas, la remuneraciГіn de monjes y sirvientes, y la distribuciГіn de limosnas.

Hermano Mortimus, prior, segundo director, tras el abad FabiГЎn. Responsable de la disciplina y el bienestar de los monjes, y maestro de novicios.

1

Cuando me llamaron, me encontraba en Surrey realizando una comisiГіn para el gabinete de lord Cromwell. Un miembro del Parlamento cuyo apoyo necesitaba Su SeГ±orГ­a habГ­a obtenido las tierras de un monasterio disuelto, y los tГ­tulos de propiedad de una zona de bosques habГ­an desaparecido. Tras dar con su rastro sin excesivas dificultades, aceptГ© la invitaciГіn del parlamentario a pasar unos dГ­as en compaГ±Г­a de su familia antes de volver a mi trabajo en Londres. Sir Stephen tenГ­a una hermosa casa de ladrillos, nueva y agradablemente proporcionada, y yo me habГ­a ofrecido a dibujarla. Apenas habГ­a hecho un par de esbozos preliminares cuando llegГі un mensajero a caballo.

HabГ­a cabalgado durante toda la noche desde Whitehall. Lo reconocГ­ como uno de los mensajeros particulares de lord Cromwell y rompГ­ el sello con aprensiГіn. La carta era del secretario Grey y decГ­a que lord Cromwell deseaba verme de inmediato en Westminster.

En otros tiempos, la perspectiva de encontrarme con mi protector y entrevistarme con Г©l, viГ©ndolo encumbrado en la posiciГіn de poder que ocupaba, me habrГ­a entusiasmado; pero, durante el Гєltimo aГ±o, yo habГ­a empezado a acusar cierto cansancio; cansancio de la polГ­tica y de la justicia, de la astucia de los hombres y de la inextricable maraГ±a de su naturaleza. Y me apenaba que el nombre de lord Cromwell, mГЎs aГєn que el del rey, hubiera acabado despertando miedo allГ­ donde era pronunciado. En Londres, se decГ­a, las bandas de mendigos se dispersaban tan pronto tenГ­an noticia de su presencia. AquГ©l no era el mundo con el que nosotros, jГіvenes reformistas, soГ±ГЎbamos durante las interminables sobremesas que celebrГЎbamos en casa de algunos. CreГ­amos, con Erasmo, que la fe y la caridad bastarГ­an para acabar con las disputas religiosas entre los hombres; sin embargo, a principios de aquel invierno de 1537, la situaciГіn habГ­a degenerado en rebeliГіn, entre un nГєmero creciente de ejecuciones y codiciosas luchas por las tierras de los monjes.

Aquel otoГ±o apenas habГ­a llovido y los caminos estaban en buen estado, de modo que, aunque mi deformidad me impide cabalgar deprisa, todavГ­a era media tarde cuando lleguГ© a Southwark. Tras un mes en el campo, mi viejo caballo, Chancery, reaccionГі al ruido y a los olores con nerviosismo, al igual que yo. Cuando lleguГ© a la entrada de Londres, evitГ© mirar los ojos del puente y las altas picotas donde se exponГ­an las cabezas de los ajusticiados por traiciГіn, que en ese momento eran picoteadas por las gaviotas. Siempre he sido de temperamento impresionable. Ni siquiera me gustan las peleas de perros y de osos.

El enorme puente estaba tan abarrotado como de costumbre; muchos comerciantes vestГ­an luto por la reina Juana, que habГ­a muerto de fiebre puerperal hacГ­a dos semanas. Los tenderos anunciaban sus mercancГ­as desde las puertas de sus comercios, situados en las plantas bajas de unos edificios construidos cerca de la orilla, y tan inclinados que parecГ­a que fueran a caerse al agua. En los pisos superiores, las mujeres recogГ­an aprisa la colada, en vista de las amenazadoras nubes que se acercaban desde poniente. Al oГ­rlas parlotear y llamarse a voces, no pude evitar compararlas, dado mi melancГіlico humor, con una bandada de cuervos que graznara en las ramas de un gran ГЎrbol.

SuspirГ© y me recordГ© a mГ­ mismo que tenГ­a obligaciones que cumplir. Si a mis treinta y cinco aГ±os poseГ­a una hermosa casa nueva y un prГіspero despacho de abogado, se lo debГ­a en gran medida a la protecciГіn de lord Cromwell. Y trabajar para Г©l era trabajar para la Reforma, hacer algo digno a los ojos de Dios. Al menos, eso creГ­a entonces. AdemГЎs, debГ­a de tratarse de algo importante, puesto que habГ­a enviado a Grey. No habГ­a visto al primer secretario y vicario general -en esos momentos, lord (Iromwell tenГ­a ambos cargos- desde hacГ­a dos aГ±os. SacudГ­ las riendas y conduje a Chancery, entre la muchedumbre de viajeros y comerciantes, cortabolsas y cortesanos en ciernes, hacia el inmenso hervidero de Londres.

 

En Ludgate Hill me entrГі hambre al ver un tenderete rebosante de manzanas y peras y desmontГ© para comprar unas pocas. Mientras le daba una manzana a Chancery, vi en una calle lateral un grupo de unas treinta personas que murmuraban excitadamente delante de una taberna. No pude por menos de preguntarme si no se tratarГ­a de otro charlatГЎn trastornado por una apresurada lectura de la nueva traducciГіn de la Biblia y metido a profeta. Si era asГ­, mГЎs le valГ­a andarse con ojo con los alguaciles.

Entre las personas que estaban en la parte exterior del grupo, habГ­a varias mejor vestidas que el resto. Una de ellas era William Pepper, abogado del Tribunal de DesamortizaciГіn, al que acompaГ±aba un joven que iba embutido en un estridente jubГіn acuchillado de colores vivos. Incitado por la curiosidad, tirГ© de la rienda de Chancery y me acerquГ© al grupo, procurando evitar la corriente de orines del arroyo. Antes de que llegara a donde estaban, Pepper se volviГі.

– ¡Hombre, Shardlake! Este último trimestre os he echado de menos en los tribunales. ¿Dónde os habíais metido? -Mi colega se volvió hacia su acompañante-. Permitidme que os presente a Jonathan Mintling, recién salido de los Inns of Court, la escuela de leyes, y afortunado nuevo miembro de nuestra familia del Tribunal de Desamortización. Jonathan, os presento al doctor Matthew Shardlake, el jorobado más astuto de los tribunales ingleses.

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